«Amor, consigamos un perro»: la entrada de un cachorro en pareja

Tú y él: solo tú, juntos. Hasta el día en que venga a visitarte el deseo de agregar un tercer elemento a la pareja. Hay quienes parten de inmediato con la idea de tener un hijo y hay quienes van más cautelosos: por la serie «Mientras tanto, veamos cómo va». La alternativa recae así en el amigo de cuatro patas: práctico, discreto, relativamente autónomo (¡ciertamente más que un niño!), emocionalmente satisfactorio y estimulante.

«Amor, ¿nos llevamos un cachorro?»: Así comenzaba la segunda parte de la historia.

Porque la entrada en escena del tercer elemento de la relación de pareja cambia un poco las cartas. Claramente cuando llega la idea, solo se imaginan los aspectos positivos, mientras que los más incómodos se dejan de lado. Saber lo que es tener un cachorro es uno forma de protección preventiva, para todos: para ti, para tu pareja y para el cachorro.

Llena la casa de cariño y energía, corre de aquí para allá, estimula tu ternura.

Él sabe de inmediato cómo hacerse amar y te resulta natural quererlo: es gracioso, torpe, no muy pretencioso. El caso es que incluso un cachorro necesita se cortés y cuidado. Y aquí es donde entra en juego la dinámica de pareja a la hora de repartir tareas y responsabilidades. Darle camina a la limpieza, hasta las más variadas formas de mimarlo.

Porque no siempre pensarás de la misma manera: puede que te guste que el cachorro se suba a la cama, por ejemplo, y puede que no.

Hay quienes entre los dos querrán llevarlo siempre consigo, incluso para cenar, y quienes prefieren “tomar un descanso momentáneo” con su amigo Fido. Hay quienes querrán que siga una dieta sana y rigurosa, compuesta por croquetas totalmente ponderadas, y quienes no podrán resistir su mirada tan pronto como te sientes a la mesa.

Si sois una pareja unida, sensible y abierta al diálogo, tener un perro será una experiencia única y enriquecedora. Si, por el contrario, ya tiene divisiones en la comunicación de pareja, la entrada de un tercer elemento podría resaltarlas. Hay parejas que se ponen celosas por el perro, por ejemplo. Como hay mujeres que reemplazan al perro con el novio y absorben todo el cariño de ahí, olvidándose de la persona que está a su lado.

Por no hablar de esas parejas que, cuando se separan, van a la guerra porque ninguno de los dos quiere quedarse con el cachorro.

O, por el contrario, porque el perro se convierte en el trofeo a ganar como venganza del otro. Dar la bienvenida a un cachorro es, a todos los efectos, un compromiso de tiempo completo y de corazón abierto, no subestimar. No es un experimentar sino de una experiencia de amor. Es importante que se amen y que lo amen a él, a su vez.

Foto @ LIGHTFIELD STUDIOS | Fotolia.com

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